En los niños y adolescentes estos trastornos se presentarían modulados por el período evolutivo en el que los menores se encuentran, pudiendo expresarse en diferentes conductas disfuncionales y afectando el normal desarrollo del individuo. Los avances de la psiquiatría biológica han permitido conocer las influencias genéticas y patrones de agregación familiar, como los sustratos biológicos de la depresión. En la actualidad se piensa que existiría un sustrato orgánico que responde de forma “depresiva” frente a los factores desencadenantes como separaciones, perdidas de personas u objetos deseados y las frustraciones que devienen de estos estados.

En general se distinguen cuatro dimensiones estructurales básicas de la depresión:

  • Humor disfórico.
  • Vaciamiento de energía y de impulsos.
  • Aislamiento e incomunicación.
  • Ritmopatía (alteraciones de sueño, apetito, secreciones hormonales, etc.)

Indicadores de depresión

  • Mal apetito o pérdida de peso, ó, aumento del apetito ganancia de peso.
  • Dificultad para dormir o exceso de sueño.
  • Falta de energía.
  • Agitación psicomotora o retardo motor.
  • Pérdida de interés o agrado en actividades usuales.
  • Tendencia constante al autorreproche o exceso de culpas.
  • Disminución subjetiva u objetiva de la capacidad de concentración.
  • Pensamientos recurrentes de muerte o ideas suicidas.
  • Aislamiento e incomunicación.
  • Expresión de infelicidad constante y prolongada.
  • Afectividad teñida por aspectos sombríos.
  • Quejas vagas sobre dolores de abdomen.